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sábado, 8 de agosto de 2015

El Manual del N° 5

Un número 5 debe jugar con una serie de premisas en mente: Jugar simple. Nada de gambetear, meter pases-gol y otras cuestiones. Todo ello el 5 lo puede hacer y lo hará en algún momento, pero luego de cumplir todas las premisas. Como decía mi papá: “primero lo primero“. Y lo primero es jugar simple. […]

Un número 5 debe jugar con una serie de premisas en mente:

Jugar simple. Nada de gambetear, meter pases-gol y otras cuestiones. Todo ello el 5 lo puede hacer y lo hará en algún momento, pero luego de cumplir todas las premisas. Como decía mi papá: “primero lo primero“. Y lo primero es jugar simple. El resto llega solo, aparece solo, se da solo. Pero recordalo: el 5 tiene que jugar simple.

Jugar detrás de la línea de la pelota. Tanto en defensa como en ataque, el 5 tiene que estar preparado para recibir la jugada de frente. Siempre de frente. La cola mirando siempre al arco propio. “Siempre de frente” significa nada menos que “siempre de frente”.

El 5 elabora juego, no jugadas de gol. Para meter pases gol está el enganche. El 5 tiene que darle criterio al toque y dominar la situación a partir de la tenencia y distribución de la pelota. Un equipo que necesita del 5 para meter un bochazo de gol no es un buen equipo. Por alguna razón, no siempre se tiene en mente que el 5 está para distribuir juego, para dar ese pase simple, al que tiene el mismo color de camiseta que él. Y que, a partir de eso, se genera juego. Se genera muchísimo juego a partir de dos o tres pases al compañero…

Jugar a uno o dos toques. No más, no es necesario. Pero siempre con criterio. Si no podés jugar a uno o dos toques, practicalo. Para eso existe la práctica: para aprender o mejorar lo que uno no sabe hacer a la perfección. Llega la bocha, la paro, levanto la cabeza (pero ya sabiendo dónde están dos o tres compañeros) y la doy. Llega la bocha, la paro, levanto la cabeza y la doy. Nada de llevar la pelota a domicilio. El 5 no tiene que trasladar nada.

Si viene la pelotita de un lado, hay que mandarla para el otro. Al menos tener eso en mente y luego elegir cuál es la mejor opción. Y para tener eso en mente, dos cosas son fundamentales: el amague (o amago) y saber parar la pelota. Tener siempre presente el concepto del amague: puede ser a partir de mirar para un lado y darla al otro, a partir de inclinar el cuerpo para el lado desde donde viene la pelota y cuando está llegando acompañarla en la dirección hacia donde va y salir jugando para el otro lado, etc. Pero en la mente del 5, siempre (siempre significa siempre) se debe saber qué pasa del otro lado del campo. Y para saber qué pasa del otro lado, se vuelve al punto 2: recibiendo la jugada de frente (con la espalda apuntando al arco propio) es más fácil tener el panorama necesario.

El 5 se hace figura con el tiempo. A diferencia del delantero o del enganche (que basta con que hagan un gol o metan un lindo firulete), el volante central tarda más tiempo en ser reconocido como un jugador importante. Paciencia, porque los que conocen de fútbol se dan cuenta inmediatamente de cómo jugás. Y los que no conocen tanto, se irán dando cuenta con el tiempo. Mientras tanto, quien juega con tales premisas en mente va a descubrir que de repente las jugadas se hacen solas, se forman solas. Cuando sientas que tenés el control absoluto del partido (aun sin meter el gol por tu cuenta) es porque estás formándote como un gran 5. Y todos, absolutamente todos, terminaremos aceptando que el número 5 es el jugador más importante del equipo…


viernes, 31 de julio de 2015

Tratamiento de Medel | Importante para deportistas


viernes, 17 de julio de 2015

ABC del Fútbol: El Centro de gravedad

Como futbolistas amateurs, trabajar el centro de gravedad puede traer excelentes frutos para mejorar tu técnica. Te explicamos qué es el centro de gravedad y te ofrecemos un ejercicio muy simple para mejorarlo.

Las palabras que encuentres de acá en adelante pueden carecer de nivel científico. Probablemente éste no sea el post que describa rigurosamente el fenómeno, pero tal vez alcance para denostar la importancia que se le debe concebir a desarrollar un adecuado centro de gravedad a la hora de jugar a la pelota.

Hay varias formas de ser mejores cuando se trata de jugar al fútbol. Muchas áreas son necesarias desarrollar para avanzar en nuestro nivel: la técnica, la física, la conceptual, la psicológica y hasta incluso la nutricional. Pero hay una en particular a la que se presta menos atención, sobre todo en la competencia amateur, y que contribuye notoriamente a destapar nuestro máximo potencial: mejorar nuestro centro de gravedad.

¿A qué nos referimos con centro de gravedad? El centro de gravedad es ese lugar dentro de nuestro cuerpo, relativamente fijo (aunque no tanto) desde donde nace y se desparrama toda tu energía (que se traducirán en movimientos físicos). Pensá en un bichito que tenemos adentro nuestro, un punto que identificamos cuando prestamos especial atención sobre nuestra respiración y sobre nosotros. Ese centro de gravedad es un gran definidor de nuestra postura, de la armonía de nuestros desplazamientos y hasta de nuestra personalidad.

Para definir un centro, lógicamente deberemos considerar las tres dimensiones: un eje vertical (la alineación entre tu cabeza y tus pies), un eje horizontal (a qué altura del cuerpo estamos situando ese punto fijo) y la profundidad (menos importante para este caso). Aquí, nos referiremos a centro de gravedad principalmente a la altura en la que se sitúa aquel punto en el cuerpo.

En todos los deportes y actividades, el centro de gravedad importa: uno claro es en aquellos que quieren romper ladrillos con sus manos: enfocan todo su centro de energía en ellas para acumular la habilidad y fuerzas suficientes para destrozar dicho material. El fútbol no queda exento de esto, y si existiese una regla universal, podríamos decir algo así como quemientras más bajo ese centro de gravedad, mejor.

Seguramente te has topado en diversas situaciones con jugadas donde tenés que pararla de pecho, o parar un pase, o “matar” una pelota que viene alta y tu cuerpo se destartala todo. Dejando de lado la falta de práctica en técnica, muy probablemente tu cuerpo esté enfocando su punto central en el lugar incorrecto.

¿Cómo solucionarlo? La ciencia podrá proveer de diversos mecanismos para mejorar nuestro equlibrio y armonía internos, pero uno súper fácil que me ofrezco a recomendar es el siguiente: Prestate mucha atención (¡mucha!) y concentrá toda tu energía por debajo de la pelvis, a la altura de tus testículos (en el caso de una mujer, a la misma altura). Empezá por ahí. Hacé de cuenta que tenés un bicho ahí, dentro tuyo. Dejá de respirar tenso, duro, con el foco puesto en tu caja torácica. No debe estar ahí. Al mismo tiempo, empujá imaginariamente con toda tu fuerza hacia abajo (empezando desde la cabeza), para el centro de la Tierra. Seguramente sentirás tus piernas más manejables, menos lejanas, y tu cuerpo se enderece, con los hombros mejor ubicados y tu mentón más hacia arriba. Probá en recibir un pase de esa manera, en pegarle, en jugar. Es muy posible que poco a poco experimentes cada vez más los beneficios de enfocar tu energía en el punto de partida que corresponde. No te olvides de hacerlo, seguí constantemente hasta que se transforme en algo insconciente.

Los jugadores de más baja estatura suelen tener un eje de gravedad mucho más óptimo, razón por la cual tienden a ser más habilidosos y a tener un mejor control de pelota. No necesariamente necesitan de tanto enfoque consciente de donde éste se encuentra: ya lo tienen bien ubicado.

En las alturas promedios (y por encima de él) aquellos que concentran su eje de gravedad en zonas más bajas poseen un mejor equilibro, son más técnicos, en parte por su capacidad para recibir la situación de juego mejor aplomados. El cuerpo se ajusta a este centro, y no es casualidad que los buenos jugadores sean algo chuecos y de espalda derechita, y caminen como pisando “caca”, como tirando pataditas y aflojando las piernas a cada paso. El cuerpo ajusta ese pequeño “exceso de piernas” doblándose para mantener el mejor punto fijo posible. En cambio, a los que tienen su centro de gravedad en el pecho (a la altura del esternón) les quedan las piernas lejos, muy lejos. ¿Cómo poder tener control sobre algo que nos queda tan lejos?

Los entrenamientos puramente físicos (sobre todo el exceso de gimnasio y las corridas sin pelota) tienden a elevarnos el centro de gravedad: comenzamos a enfocarnos en nuestra caja torácica, nos olvidamos del punto ideal para entrar en armonía con la bola y vamos erosionando nuestra técnica. Dejamos de ser futbolistas y nos rebota la bola.


Mejorar tu centro de gravedad te permitirá obtener un rédito mayor en cada una de tus acciones de juego, y acelerar la velocidad en la que lográs aprender a realizar cierta acción (pegarle a la pelota de determinada forma, pararla, etc.). Hacé este simple ejercicio, probalo. Enfocá tu punto ahí, debajo de tu pelvis. Y ojo, que no existe ninguna fórmula mágica que reemplace la práctica constante. Pero eso sí: con un mejor equilibrio es muy probable que te vuelvas más amigo del balón, te contente sentirte bueno y esa motivación te permita seguir saldando la deuda que tu cuerpo tiene con el mundo de la pelota: la de ser cada día mejores.


jueves, 22 de enero de 2015

Sentimiento Bohemio

Boris fue un lector compulsivo nacido en Buenos Aires, hijo de inmigrantes ucranianos. Orientó a su hermano menor, Juan, en el mundo de las letras desde muy pequeño. Años más tarde, Juan decidió abandonar la carrera de Química para dedicarse de lleno a la poesía. En 1976, como muchos intelectuales argentinos, salió de su patria debido a la dictadura militar que por entonces gobernaba al país pampero. Llegó a México para quedarse el resto de sus días.


Militante revolucionario, periodista crítico, poeta y futbolero. Comenzó a leer con tres años de edad, su infancia estuvo rodeada de libros, una bicicleta y balones de futbol. Juan Gelman nació en Villa Crespo, Buenos Aires, ahí donde el Atlanta es el equipo del barrio, club que adoptó desde siempre. “A Atlanta lo tengo en la cabeza y en el corazón, y los dos me lo conservan fresco”, diría en entrevista para la revistaSentimiento Bohemio hace varios años.

“En los 50 fundamos 'El Pan Duro', junto a poetas como Héctor Negro, Hugo Ditaranto, Juan Hierba, Julio César Silvain y yo, entre otros. De futbol hablábamos poco entre nosotros. Todos éramos hinchas de algún club, dimos recitales en Vélez Sarsfield, por ejemplo, pero el tema dominante era la poesía, la pasión que nos reunió. Yo hablaba de futbol con los muchachos de la barra, supongo que cada uno de ellos haría lo mismo con la suya. En cuanto a que el futbol no fuera tema de la poesía, eso no ha cambiado. No sé por qué es así. Los prejuicios que tenían los intelectuales fueron perdiendo fuerza en los 60, a fines de esa década ver partidos por TV o hinchar por algún equipo ya era más común, hoy muchos de ellos (intelectuales) se precian de ir a la cancha. Pocos comparten las barbaridades que Borges dijo sobre el futbol".

“Mis recuerdos son muchos, empezando por la calle Vera. Allí jugábamos a la pelota, que muchas veces era de papel atado con soguitas; las de goma valían 20 centavos, un montón en ese entonces. Había desafíos con las barras de otras esquinas y, ahora que lo pienso, cuántos chicos pasábamos horas y horas en la calle. También había que gambetear al Tranvía 7 que pasaba por Vera”.

Como todo hincha iba a la cancha cada semana para disfrutar y sufrir a su equipo, regresaba al barrio con el estado de ánimo según el marcador. Pero eso sí, rodeado de amigos con los que discutía los incidentes del encuentro en la esquina de la cuadra, conforme ganaron más edad se iban al café para ejercer la crítica después de cada partido. Con la misma pasión con la que siempre escribió los poemas más hermosos, también apoyó al equipo Bohemio.

“Mi pasión por el futbol nace en el barrio. A los padres, inmigrantes, no les interesaba, bastante tenían con hacer esfuerzos para sobrevivir, mantener a la familia, lograr que los hijos estudiaran. Los hijos pudieron interesarse en el futbol gracias a esos inmigrantes no interesados en la pelota”.


Gelman nunca ocultó su pasión por el futbol, mucho menos su amor incondicional por Atlanta, para quien siempre tuvo un Sentimiento Bohemio.

martes, 7 de enero de 2014

Todos los Campeones de la Provincia

Finalizada la temporada futbolística en todas las ligas de la provincia de Santa Fe, vale hacer un repaso de los campeones de las más importantes en este resumen:


Liga Verense: El club Estudiantes Unidos de Vera venció en los dos partidos finales a Huracán de esa ciudad (1-0 y 2-1).
Estudiantes Unidos

Liga Santafesina: La Salle Jobson de Santa Fe venció a Sanjustino 4 a 3 de visitante quedándose con el Torneo Apertura, mientras que el propio Sanjustino de San Justo se consagró en el Clausura tras ganarle en la última fecha al equipo santafesino de Las Flores 1 a 0.
Sanjustino Campeón del Clausura 

Liga Totorense: Totoras Juniors venció a Sportivo Rivadavia de San Genaro en las dos finales (4-0 y 1-0).

Liga Sanlorencina: El club Maciel se coronó al derrotar en los dos cotejos a Santa Catalina de Capitán Bermúdez (1-0 y 1-0).

Liga Galvense: Unión de Bernardo de Irigoyen se quedó con el título ante Jorge Newbery de Gálvez (3-2 y 0-0)

Liga Cañadense: Sportivo Las Parejas ganó los dos torneos en el año, en el Apertura derrotó en la final a Huracán de Bustinza (1-0 y 1-1) y en el Clausura superó a América de Cañada de Gómez (4-1 y 1-0).

Liga Departamental San Martín: Atlético San Jorge campeón al derrotar a General San Martín de San Martín de las Escobas (1-0 y 2-0) 

Liga Casildense: Unión Deportiva Los Molinos venció en los juegos finales a 9 de Julio de Arequito (1-0 y 1-0).

Asociación Rosarina: El club Pablo VI (2° Título de su historia), se coronó en el Torneo "Gobernador Molinas" de 1ª División, mientras que en la B (Copa Santiago Pinasco), lograron el ascenso Arijón y Provincial de Rosario.

Liga Deportiva del Sur: Sportivo Bombal campeón al vencer a San Martín de Pavón Arriba (0-0, 2-2 y 2-0 en Alcorta el 3º juego).

Liga Esperancina: El club Atlético Pilar superó en la final a San Martín de Progreso 2 a 1 en cancha de Bartolomé Mitre de Esperanza, quedándose con el título de campeón.


Liga Venadense: Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto se coronó por 3° vez campeón, tras derrotar en la final a Studebaker de Villa Cañás (0-0 y 2-0), mientras que Sportivo Ben Hur de Rufino se consagró en 1° B.

Liga Reconquistense: Racing de Reconquista campeón, al vencer en la final a Defensores de La Costa por 6-3, luego de perder en la ida 4-3.

Liga Rafaelina: Atlético Rafaela fue el campeón al derrotar en la final al club Sportivo Ben Hur de esa ciudad (1-0 y 0-0)

Liga Ceresina: Atlético Tostado venció en la final a su clásico rival San Lorenzo de Tostado (2-0 y 1-2).

Liga Ocampense: Tiro Federal de Las Toscas campeón tras ganar el octogonal final, en la última fecha venció 5 a 1 a Racing El Campesino de Villa Ocampo. 

Liga Interprovincial (Chañar Ladeado): El club Arteaga se consagró campeón al derrotar en el tercer partido final a Cafferatense de Cafferata por 1 a 0 en cancha de Independiente de Chañar Ladeado, ya que los juegos de ida y vuelta habían finalizado empatados 2-2 y 1-1.

Liga Campesina (Villa Constitución): El club Mariano Moreno de Coronel Bogado se consagró al vencer en la final 3 a 0 por penales a General Gelly, tras igualar en uno.

Liga de Fútbol Regional del Sud: Arroyo Seco Athletic Club campeón al vencer a Unión de Arroyo Seco la final, por 2-0 y 0-1.


martes, 24 de diciembre de 2013

Fútbol y Ajedrez

En primer lugar, pido perdón si este texto se me ha ido de las manos. Por deformación profesional tiendo a relacionar, en muchas situaciones de la vida cotidiana, conductas que aparecen en el fútbol y viceversa. Algunas de ellas son descartadas al momento puesto que soy consciente que la imaginación está jugando conmigo. Pero, otras veces, lo que la mente me propone es bastante coherente y merece la pena reflexionar un poco sobre ello. Hecha esta pequeña introducción, expondremos una conexión que existe entre el fútbol y el ajedrez. Siendo sinceros, mi experiencia en el mundo del ajedrez es casi nula, ya que no suelo jugar. No obstante, aquellas veces que se ha dado la ocasión acabo pensando que es un juego muy completo, interesante e ingeniosamente elaborado. Una partida resulta gratificante por su complejidad ypredominio cognitivo.

“Existe complejidad mientras sean inseparables los componentes diferentes que constituyen un todo y haya un tejido interdependiente, interactivo e interretroactivo entre las partes y el todo y el todo y las partes”.

(Morín)

ajedrez1

El ajedrez es un juego donde la comprensión contextual de lo que sucede, así como las relaciones que se establecen entre los movimientos y las características de nuestras piezas y las del rival, es determinante a la hora de tomar una decisión. De este modo, la dinámica del ajedrez comparte muchas similitudes con lo que sucede en el fútbol y son fácilmente transferibles al deporte colectivo por excelencia. Aunque se trate de un juego por turnos, donde un movimiento antecede a otro, no podemos entenderlo de manera lineal, ni mucho menos reducir las situaciones que se dan para analizarlas y tomar la decisión que creemos más acertada. Tanto el fútbol como el ajedrez, por su propia estructura y funcionalidad, están caracterizados por la imprevisibilidad y la retroalimentación de todo lo que lleva integrado. Estamos hablando de juegos sistémicos de gran complejidad.

“En el planteamiento sistémico las propiedades de las partes sólo se pueden comprender desde la organización del conjunto, no se concentra en los componentes básicos, sino en los principios esenciales de organización. El pensamiento sistémico es contextual, en contrapartida del analítico. Análisis significa aislar algo para estudiarlo y comprenderlo, mientras que el pensamiento sistémico encuadra ese algo dentro del contexto de un todo superior”.

(Capra)

“No podemos desmontar un piano para ver el sonido que produce”.

(O’Connor y McDermott)

A continuación se expondrán algunos ejemplos que a mi modo de ver ilustran esta conexión. No pretendo explicar en detalle cómo funciona el juego ni dar ningún tipo de lección puesto que, como ya he comentado antes, no tengo apenas experiencia en ello y no me considero nada indicado para hacerlo. No se descarta que existan muchas otras aproximaciones que no sean mencionadas y, a la vez, también existan otros elementos que quizá no compartan ningún tipo de relación.

Primeramente, tenemos un conjunto de piezas: cada una de ellas tiene una posición y capacidades dentro del terreno de juego, de forma similar a los jugadores de un equipo de fútbol, los cuales tienen distintas características y en función de la posición que ocupan son potencialmente sensibles a unas conductas determinadas. Del mismo modo, existe un equipo rival, con los mismos eficientes en número y característicassobre el terreno de juego.

“El método lo pone el jugador, que en función de sus posibilidades y sus capacidades queda posibilitado para hacer una serie de cosas e imposibilitado para otras”.

(Juan Manuel Lillo)

En este sentido, se libra una competición en la cual habrá un vencedor, de no ser que acaben en tablas. Es necesario destacar un elemento que difiere significativamente entre el fútbol y el ajedrez: en el ajedrez no hay balón. No obstante, el objetivo que persigue el ajedrez, como es progresar en el juego para llegar a destronar el rey del rival, genera una dinámica de juego similar al fútbol.

ajedrez2

En relación al terreno de juego, nos encontramos con un tablero donde deberemos gestionar el espacio adecuadamente si queremos superar al rival. Un tablero donde la distribución racional del espacio en profundidad y en amplitud, teniendo en cuenta las fichas de las que disponemos, será determinante para generar ventajas en el juego. No se trata de mover piezas por mover; cada movimiento debería tener una intención para generar algo que nos acerque a nuestro objetivo: desmantelar al rival. Aquellos que muevan las piezas sin sentido, o sin una intención táctica detrás, rara vez serán recompensados. No por movernos más generaremos más; de hecho, hay piezas que se quedan en un mismo sitio durante un largo período de la partida puesto que en ese lugar desactivan muchos movimientos del rival o nos facilitan la ofensiva a nosotros.

”No es cuestión de correr o no correr. Es cuestión de correr bien. A veces, si corres mal es incluso peor que si no haces nada”.

(Cesc Fàbregas)

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Asimismo, también podemos hablar de estilos, ninguno de ellos más valido que otro si todos son ejecutados correctamente. Aquí entrará en juego la relación que queramos entre eficacia y eficiencia a la hora de progresar en el juego. ¿Queremos desgastarnos más rápido pero ir a por el objetivo de inmediato? ¿Nos interesa controlar el derroche de piezas para tener más efectivos a lo largo de la partida? ¿Qué riesgo y qué beneficio me aporta una decisión? Cada uno con su estilo luchará para ganar la partida. Un juego más paciente y elaborado, en busca de una situación con clara ventaja para atacar. O bien, un juego más directo, progresando más vertical en contraste al riesgo que tenemos de perder más piezas. Aquel que quiera ser más directo deberá lidiar con el riesgo de perder más piezas, como en el fútbol se pierden balones. No obstante, si da con los movimientos adecuados, puede hacerse con la partida en pocos movimientos. Por otro lado, aquel que apueste por un juego más elaborado se asegura progresar con el control sobre la pérdida de sus piezas, pero deberá tener paciencia para que aparezcan las situaciones óptimas para desplegarse. En relación a estilos, es evidente que habrá quien apueste por ambos a la vez, bien porque su juego es mixto, bien porque estratégicamente así lo siente, dependiendo de la evolución de la partida o el planteamiento del contrincante.

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En el ajedrez, como en el fútbol, no se puede dejar de pensar. Constantemente debemos comprender lo que está sucediendo en el juego. Si entendemos lo que sucede, podemos dominar el juego y anticiparnos a los movimientos del rival; si no es así, es posible que el rival lleve la iniciativa de la partida. En este caso seremos esclavos de sus movimientos y no podremos más que ser reactivos a lo que el rival propone.

“Se puede dejar de correr, o dejar de entrar en juego durante largos minutos; lo único que no se puede dejar de hacer es pensar”.

(Cappa)

“La velocidad del cerebro es más importante que la de las piernas”.

(Xavi Hernández)

Retomando la gestión del espacio, nos encontramos con un tablero, donde podemos diferenciar tres carriles de juego. Un carril central y sus respectivos carriles laterales o bandas. En nuestras manos está salir por espacios laterales o espacios interiores. Tal y como entendemos en fútbol, apostar por un juego interior suele ser más interesante, puesto que es el camino más rápido a portería. En el caso del ajedrez, podríamos decir que es el camino más rápido hacía nuestro objetivo más preciado, el rey, el cual inicia la partida junto a la dama en una posición centrada. Es importante destacar también que en el juego interior hay múltiples salidas y líneas de pase si lo comparamos con el juego en un lateral, donde el límite del campo nos cierra muchas posibilidades de actuación. Algo similar pasa en el ajedrez si decidimos acumular piezas en espacios interiores. Sus movimientos tendrán mucho más rango de actuación en ataque, y desde una perspectiva defensiva ocuparemos el carril central obligando al contrincante a salir por espacios laterales del tablero, mucho menos peligrosos en la mayoría de los casos.

Para ello, es indiscutible tener en cuenta las capacidades de las piezas con las que deseamos actuar. Es evidente que no es lo mismo ocupar un espacio interior con una dama, la cual tiene un rango de movimiento en todas direcciones, algo así como situar a Andrea Pirlo o el citado Xavi Hernández con su capacidad visual y su facilidad para encontrar líneas de pase desde esa posición, que con una de las torres, pues entonces deberemos comprender que su capacidad nos limitará el juego. En este caso, la normativa nos dice que una torre es incapaz de atacar espacios en diagonal. De esta manera, a mi modo de entender, puede ser perjudicial dado que desde esa posición encontrar diagonales puede ser más que determinante.

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Otra idea que aparece en ambas disciplinas trata de la intención de desplegar las piezas en el inicio del juego, es decir, los primeros turnos de la partida. En relación a este concepto podemos decir que el hecho de abrir el campo es esencial para generar espacio aprovechable para esa misma pieza o bien otras que deseemos mover en futuros turnos. Muy relacionado con el fútbol, donde los jugadores deben profundizar y a la vez permanecer en amplitud para separar al equipo rival y disponer de espacio que posteriormente será aprovechado.

Si no damos amplitud y profundidad en los primeros movimientos de la partida, en la medida de lo posible, el rival se desplegará y restringirá muchas de nuestras opciones, viéndonos estancados en nuestro propio espacio inicial. Algo así suele suceder cuando queremos atacar de forma organizada en el fútbol y no abrimos el campo: sin espacio todo se complica. Si no somos capaces de generar el mencionado espacio de actuación, posiblemente estaremos defendiéndonos solos. En este caso, la aventura en busca del gol, es decir, del rey rival, se verá desactivada ante la necesidad de proteger nuestras fichas más valiosas de un inminente ataque.

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En el ajedrez, como en el fútbol, es fundamental saber engañar a nuestro oponente. De modo que muchos de nuestros movimientos se fundamentarán en la intención de atraer al rival o moverlo con el fin de desorganizarlo y poder desmontar su entramado defensivo. Para ello, se pueden mover piezas que inciten al rival a salir a por ellas y así habilitar otros espacios que nos interesan atacar. Algo parecido a una conducción de balón para atraer defensas y jugar con el hombre que queda liberado o bien, si me apuran, un punta que viene a recibir al pie para que el defensa central lo siga y el mediapunta pueda aprovechar ese espacio posterior que desocupa el mencionado central. En este mismo sentido, en el ajedrez podemos sacrificar piezas por el bien colectivo y por querer generar una situación óptima para atacar o defender.

“No toques si no buscas generar nada”.

(Juan Manuel Lillo)

Otra particularidad que es totalmente transferible viene relacionada con las fases del juego. En el fútbol tendemos a dividir el juego en distintas fases para lograr entender mejor lo que sucede en cada una. No obstante, somos conscientes de que a la hora de jugar y entrenar se trata de un juego global y sistémico que debe de entenderse como un todo. Asimismo debe entenderse también el ajedrez. Las distintas fases de juego no se pueden desarticular. El ataque y la defensa son indivisibles al estar íntimamente relacionados. Mientras atacamos debemos defendernos y mientras defendemos debemos estar atacando simultáneamente. Parece simple, ¿no? En la práctica no lo es tanto.

“No consigo disociar dónde comienza la organización, si en la defensa o en el ataque. No consigo analizar las cosas de esa forma tan analítica”.

(José Mourinho)

Cuando defendemos hemos de pensar en aquellos movimientos que, al mismo tiempo, nos permitan atacar mejor. De igual manera, cuando uno ataca debe tener la seguridad de estar defendiendo a la vez. En el momento de mover una pieza tengo conciencia de que está bien protegida por otras piezas de su alrededor y, a la vez, facilita los movimientos a otra que ahora se ve respaldada.

“El juego es una unidad indivisible, no hay momento defensivo sin momento ofensivo. Ambos constituyen una unidad funcional”.

(Juan Manuel Lillo)

En relación a este último párrafo, si consigo atacar y defender como un todo, mantendré las líneas juntas o al menos relacionadas, es decir, formarán una unidad funcional. El hecho de componer una unidad funcional facilitará más ayudas entre las piezas al verse protegidas por las otras fichas del equipo. Aunque estamos haciendo referencia al ajedrez, podríamos, sin ningún problema, estar hablando de las coberturas en el fútbol y la importancia de juntar líneas para estar en disposición de ayudar al compañero del equipo si se ve superado.

Tal y como vamos exponiendo, comprender el juego resulta un aspecto fundamental para obtener un buen rendimiento tanto en el fútbol como en el ajedrez. En este sentido, si en el juego de mesa ambos jugadores comprenden lo que sucede en el tablero, se dará la verdadera batalla de ideas e intenciones entre los entrenadores, o sea, los participantes de la partida. Aquel que comprenda mejor lo que suceda y mantenga la concentración ante la evolución del juego se acercará a la victoria.

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Finalmente, podemos hacer referencia a la concentración. Estar concentrado durante toda una partida no es tarea fácil para cualquier mente. Perder la concentración en algunas ocasiones nos jugará una mala pasada. Tomaremos decisiones incorrectas o no tan buenas al pasarnos desapercibidos aspectos del juego a los que no hemos prestado suficiente atención. Si hacemos referencia a la alta competición, los turnos se ven limitados por un período de tiempo dentro del cual se debe tomar una decisión y realizar un movimiento. De forma parecida en el fútbol, el tiempo y el espacio juegan un papel importante en la toma de decisiones. El constante procesamiento de la información y la consiguiente toma de decisiones están estrechamente contextualizadas en un período de tiempo breve que nos hace apresurarnos y, en muchas ocasiones, tomar una mala decisión.

“La diversidad de situaciones varía rápidamente y una decisión correcta deja de serlo en un brevísimo espacio de tiempo”.

(Gómez)

Errores que pueden condenarnos al fracaso ya que, en un mundo sistémico, un simple desajuste puede desequilibrar el todo. Tal y como sucede en nuestro querido fútbol, un juego que no entiende de merecimientos, un juego de errores donde ganará el que aproveche más y conceda menos.

A modo de desenlace, quiero comentar que se han expuesto algunos aspectos que veo transferibles y creo que pueden ser interesantes si algún futbolero dedica algo de tiempo al ajedrez. Es más, ¿por qué no promover este tipo de juegos con los más jóvenes? Podría ser de gran ayuda para educar las mentes en la complejidad y alejarnos del habitual uso del reduccionismo en contextos donde este paradigma no es el más indicado.

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“Un todo produce cualidades que no existen en las partes separadas. El todo no es nunca únicamente la adición de las partes. Es algo más”.

(Morín)

“Nuestra construcción del cerebro no es piramidal, no nos construimos como un edificio, nos construimos como una red”.

(Juan Manuel Lillo)


Para acabar, me gustaría mencionar que no he querido profundizar demasiado en el tema y desconozco si alguien más ha escrito sobre la consonancia de estas dos disciplinas. Imagino que sí. Personalmente, solo quería exponer alguna pincelada sobre este pensamiento que me surgió al conversar con un buen amigo durante una partida de ajedrez. Una partida donde perdí por no prestar atención a muchas de las cosas expuestas anteriormente, entre otras tantísimas razones que seguro ignoro. De hecho, fue mi amigo quien, explicándome alguna idea a tener en cuenta, me hizo reflexionar sobre tales semejanzas. Gracias por vuestra atención y espero que a partir de ahora veáis el ajedrez desde otra perspectiva.

miércoles, 30 de octubre de 2013

#FelizCumpleDiegote

Hay miles de personas en el San Paolo que llegaron media hora antes para ver su calentamiento. Él lo sabe. Su preparador físico lo mira de reojo. No le dice nada. Sus compañeros entienden que no tienen que meterse. Corren para un lado y otro, elongan, cambian de aire. Él ocupa el centro de la escena, como siempre. Entiende que no necesita mucho para prepararse para jugar un partido de fútbol. Son él y la pelota. Reconoce que alguien puede estar pendiente de lo que le pueda salir. Entonces, saca a relucir lo mejor de su repertorio y, sin demasiadas pretensiones, hace lo que mejor sabe: enamorar.

Las imágenes son viejas. El video ya fue visto por miles de personas. Pero no importa. La sensación, lo que se genera, es siempre igual. Diego no se cansa de hacer jueguitos. En el calentamiento del Napoli, en esa vieja época en la que el sur de Italia daba vuelta el mapa de una patada, Maradona se divierte. Tiene puesta una campera. Luce rápido, despierto, vital.

Después del calentamiento, llegan los goles. De tiro libre, con una precisión espeluznante que combinaba a la perfección la efectividad con la elegancia. En un mano a mano, en un verdadero tratado sobre el potrero argentino y cómo se debe jugar con picardía y talento. Desde un córner, cuando la parte interna del botín izquierdo envuelve la pelota y toma un efecto que desafía las leyes de la gravedad.

El festejo, siempre el mismo. Una corrida potente, como si no estuviera cansado, un salto con la rodilla izquierda flexionada y un puñetazo al aire, fuerte y desafiante. Después, sí, el abrazo con los compañeros y la sonrisa. La sonrisa nunca falta.


Apasionado y aguerrido, Andrea Bocelli canta "Por ti volare" mientras Diego juega. Maradona cumple hoy 53 años. Está en Dubai, lejos de sus raíces, marginado hace un tiempo largo de las canchas de fútbol. La combinación de imágenes genera un cóctel melancólico imposible de amagar. La versión de ese jugador que muestra el video, publicado por Simplemente Fútbol hace varios años, ya no puede volver a ser. La historia ya está escrita. El tiempo pasó y se llevó puesto todo. Y ahí es cuando la garganta empieza a apretar. Y las lágrimas caen sobre el teclado. La ilusión óptica todavía mantiene el efecto. No tiene que pasar mucho tiempo para que reaparezcan las ganas de volver a darle play.
GRACIAS POR TODO DIEGOTE, TE AMO!

miércoles, 9 de enero de 2013

Messi le cambió el sueño


En esta ocación he decidido recuperar una charla-entrevista que Pep Guardiola mantuvo con Ángel Cappa allá por el año 2002, y que fue incluida en el ameno libro “¿Y el fútbol, dónde está?”, en 2004. En ésta, un Pep aún futbolista se sinceraba sobre cómo construiría él su equipo si algún día fuese entrenador. Comenzó así:

Guardiola: “Cada vez estoy más convencido de cómo se debe jugar a esto; por eso soy cada vez más fundamentalista en ese sentido” (2002).

Guardiola atribuía su visión del tema a dos causas; su formación culé y su bajo nivel físico. Entendía que el Barça le había dado herramientas que él, por instinto de supervivencia, había súper-desarrollado; de un modo tan personal y casi intimo que su carrera como jugador marcaría para siempre su concepción del juego: hay que tener el balón. Pep no va a negociar eso. En la teoría es una limitación, pues su convicción le resta flexibilidad; pero en la práctica no lo es tanto: no va a competir enla liga del Barça (el único al que no le puede quitar la posesión) y va a tener presupuestos para fichar jugadores técnicos y asociativos que se amolden a lo que le gusta, presuntamente. Ahora bien, Pep siempre supo que en el fútbol había más, aunque no fuese para él:

“Lo que pasa es que a veces pienso que las cosas me las planteo desde mi punto de vista. Es decir, desde el futbolista que soy (…) soy un tipo lento, que si voy al choque, pierdo. Cuando tenía 18 o 19 años, si me soplaban me caía al suelo. (…) Pero entiendo que a otros lo mío no les va a garantizar nada”.

Nada nuevo hasta aquí. Ahora, lo más interesante. Guardiola remarcó que su equipo amado era el Ajax de Van Gaal, bi-finalista de la Copa de Europa entre el 95 y el 96. Para él, hace 11 años, el sistema de un equipo dominante debía sujetarse en dos extremos abiertos con gran uno para uno. Interpretaba que era el modo más sencillo, y su favorito, de conseguir, ojo, tener la pelota muy arriba, que era el gran objetivo.

“Mi equipo lo empezaría a formar a partir de los extremos, cosa que hoy no se hace, porque se usan carrileros (…) tú dices ser ancho, pero yo te digo ser profundo, a mí no me interesa ser ancho a la altura de los medios (…) Entiendo que teniendo extremos puedes jugar más arriba, juntar a tu equipo en campo contrario, y recortar las distancias a recorrer (…) aunque fíjate que en la última etapa de Cruyff jugábamos con Prosinecki y Hagi de extremos, que son algo anárquicos en su concepción del juego. Es como jugar con Rivaldo de extremo izquierdo cuando no es un extremo. O conmigo, que no lo soy y no me voy a ir de nadie. En ese caso tenemos la teoría del campo ancho, pero… El gran Ajax era tal porque estaban precisamente Finidi y Overmars, que la cogían y se iban de todo el mundo”.

Culminaba estas exposiciones hablando de arietes con juego fuera del área, que permitiesen a sus extremos ser, en el inicio de las jugadas, los dos hombres más adelantados. Kluivert, Kanú o Crouch fueron sus ejemplos más citados en este libro o en posteriores publicaciones. Su devoción por las torres de pies hábiles es vox populi. Más chocará su defensa del doble pivote. En el mismo libro Fernando Carlos Redondo se mostraba tajante en su contra, pero Pep fue, sorprendentemente, más comedido:

“Mira, yo creo que los dos pivotes los ponen para defender. Pero bien, si uno de los dos tiene claro que se debe desenganchar para ir arriba, pues está bien. El problema es cuando está el uno al lado del otro. En la Selección lo hacíamos muy bien con Valerón, aunque es verdad que él es más distinto. Cuando defendíamos, él se ponía a mi lado, pero cuando teníamos el balón, se juntaba con Raúl, no conmigo. Y como Raúl bajaba también, pues nos juntábamos para tocar (…) con jugadores correctos es posible jugar bien con doble pivote”.

Desde luego, lo normal es que Guardiola optase por un triángulo en el medio, como en el Barça; pero está bien recordar aquella visión suya, toda vez que, hoy por hoy, mediocentros nivel Champions para 4-3-3s hay pocos y están cogidos.
Pep tiene mucho que ofrecer. La alineación de planetas que dio con él,Xavi, Iniesta y Messi en el mismo momento, en el mismo lugar y de la misma manera alteró sus planes. Superó sus sueños. Pero es joven, y lo tiene todo. Aún está a tiempo de hacerse su Ajax de Van Gaal, de volver a poner de moda a los extremos o incluso de reírse reinando de nuevo pero con un doble pivote. Que llegue ya.

sábado, 29 de diciembre de 2012

El Mayo Francés

“El fútbol a los futbolistas” fue la máxima que eligió Michel Platini para cerrar el discurso el día de su presentación como presidente de la UEFA. La expresión, que pudo haber sonado a frase hecha, tiene una profunda significación para los futbolistas galos que reconocen el espíritu de lucha que motivó a sus antiguos colegas a defender sus derechos durante el Mayo del 68. En aquella oportunidad los jugadores, al igual que los estudiantes en La Sorbona y los trabajadores en Renault y Citroën, coparon la sede de la Federación Francesa de Fútbol en pos de exigir mejores condiciones de trabajo e independencia de los clubes.

La protesta, que en principio sólo perteneció a los estudiantes de izquierda que no promulgaban con el conservadurismo de Charles de Gaulle, pronto se extendió a las clases trabajadoras provocando barricadas, revueltas y la mayor huelga general en la historia de Francia. En medio del conflicto, el fútbol tuvo su primer acercamiento con el Mayo francés a través de un grupo de periodistas deportivos vinculados a la revista Miroir du Football, y también al Partido Comunista, que habían sido futbolistas y que intentaban aprovechar la asonada para mostrar su descontento con los dirigentes franceses. 

Detrás del pronunciamiento de los periodistas deportivos se escondían los deseos del grueso de los futbolistas franceses, que eran sometidos desde el momento que firmaban un contrato profesional con los clubes. Las antiguas reglas del fútbol galo obligaban a los jugadores a estar ligados a sus respectivos equipos hasta los treinta y cinco años sin garantizarle condiciones mínimas de trabajo y con salarios extremadamente bajos. Así fue que impulsados por la búsqueda de justicia y sin meditarlo demasiado, un centenar de futbolistas tomó la mañana del 22 de mayo de 1968 el edificio de la Federación Francesa de Fútbol, ubicado en uno de los barrios más seguros y exclusivos de París.

Si bien la ocupación fue pacífica, el secretario general Pierre Delaunay y el profesor de entrenadores George Boulogne fueron encerrados en una habitación, alejados del resto de los trabajadores. En simultáneo las banderas comunistas adornaron la fachada del edificio junto a dos pancartas que inmortalizaron el movimiento: “Le football aux footballeurs” (El fútbol a los futbolistas) y “La Fédération, propiété des 600.000 footballeurs” (La federación, propiedad de 600.000 futbolistas).

La toma del edificio se extendió por cuatro largos días en los que los protagonistas formaron el Comité de Acción de los Futbolistas con el fin de negociar con los dirigentes y acaparar la atención del sindicato. El núcleo principal estaba compuesto por los redactores de Miroir du Football Francis Le Goulven, Maurice Ragonneau, Jean Norval y François Thébaud y por los futbolistas profesionales André Mérelle y Michel Oriot, ambos de Red Star FC de París. Al mismo tiempo, contaron con el apoyo público de Raymond Kopa y Just Fontaine, que presionaron a las autoridades para que negocien con los jugadores, a quienes consideraron esclavos de la Federación. 

Las personas ajenas al movimiento fueron informadas de los reclamos a través de un manifiesto que fue repartido por las calles de la capital francesa y que exigía, entre otras cosas, limitar la temporada a ocho meses, mejorar las instalaciones de los estadios, denunciar el maltrato del seleccionador francés Louis Dugauquez (consideraba a los jugadores obreros al servicio de una empresa) y principalmente dejar sin efecto la “licencia B”, un decreto que prohibía a los jugadores que abandonaban un club jugar en el primer equipo de otro.

Tal como sucedió con el Mayo del 68 en sí como hijo de la Primavera de Praga, el levantamiento de los futbolistas finalmente no alcanzó los objetivos propuestos. Si bien fue anulada la “licencia B” y Antoine Chiarisoli, presidente de la Federación Francesa de Fútbol, fue depuesto, el sindicato se terminó poniendo del lado de los presidentes de los clubes y la revuelta se diluyó. No obstante a ello la reforma de la política contractual del fútbol francés sentó un precedente que continúa vigente. El Mayo de los futbolistas fue a Francia lo que el Caso Bosman a Europa.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El colapso financiero del deporte mundial

Ezequeiel Fernández Moores, uno de los periodistas deportivos más destacados de nuestro país, realizó un brillante análisis sobre la realidad económica que tiñe a las multimillonarias ligas del deporte mundial, ya sea el fútbol español e italiano y el basquet estodounidense.

Estos clubes, la mayoría entidades privadas, han malgastado sus fondos y hasta dinero que no tenían para seguir promoviendo un negocio más relacionado al star-system hollywoodense que al verdadero proposito que deberían seguir: promover y facilitar el accedo de la cultura deportiva a la población. Pero esto resulta más una utopía barrial que una realidad global.

Según escribe en su artículo Fernández Moores para CanchaLlena.com, “el fútbol se convirtió en otra cosa a partir de la explosión de la TV y de las nuevas tecnologías”, explica. Y cuenta la influencia de otro impacto, a partir del caso Bosman. “Bosman fue modesto jugador belga que fue hasta la Suprema Corte de Luxemburgo de la Unión Europea (UE) porque su club, Lieja, le había rebajado el sueldo de 4000 a 1500 dólares y le exigía una indemnización de 800 mil dólares para autorizar su pase al Dunkerke, un equipo de Segunda en Francia. Gracias a su reclamo, la Corte de Luxemburgo estableció en 1995 que los futbolistas son dueños de sus pases al término de los contratos y que deben circular libremente dentro de la UE. La sentencia, como sucedió en otros ámbitos, fue también una victoria para los clubes más poderosos, que impusieron sus dineros como nunca una vez que la pelota también se hizo liberal”.



El fenómeno español se explica a partir que los clubes gastaron más de lo que sus ganancias le permitían, y además lo hicieron a través de créditos de otras entidades, por lo que su crisis es similar a la financiera global. “En España, se sabe, el gran desequilibrio se produce porque Barcelona y Real Madrid se adueñan del 53 por ciento del dinero que paga la TV. Su batalla, encarnizada desde la llegada del Emperador José Mourinho, empujó al resto de los clubes a una carrera imposible. Para escapar de la crisis, el fútbol español da pasos que antes se concebían sólo en el Tercer Mundo. Satisface a la TV programando partidos a toda hora, incluyendo las doce del mediodía y las diez de la noche, para que lo vean en China. Y acepta que los jugadores ya no pertenezcan a los clubes, sino a fondos de inversión”, detalla Fernández Moores.



En Europa, es problema es similar. “La UEFA, temerosa de que explote la burbuja, advirtió que a partir de la próxima temporada no permitirá jugar en las copas europeas a los clubes que gastan más de lo que ganan. La queja fue liderada por los clubes alemanes, los mejor administrados en las ligas top, y cansados de una competencia desleal”, pero la realidad no será tan así.



“¿Cómo no comprarle a la FIFA el Mundial 2022?”, se pregunta el periodista. “Dineros rusos también se aseguraron el Mundial de 2018. ¿Y acaso Kobe Bryant, el astro millonario de la NBA en paro, no está recibiendo jugosas ofertas para jugar en China y en Turquía? Es el nuevo mapa de la poscrisis. Y para dibujarlo, nada mejor que el deporte, víctima hoy de su propio gigantismo, pero aun así vidriera cada vez más inigualable en estos tiempos de puro espectáculo”, concluyó Fernández Moores.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El Abrazo del Alma

El Mundial de Argentina mil novecientos setenta y ocho ya tenía dueño. Un nuevo dueño en la selecta lista de los elegidos. El país número seis. La sexta nación que lograba alzarse al podio de los dioses y que permitía a sus habitantes estallar en un éxtasis imborrable, de fundirse en un eterno abrazo. La Selección Argentina conseguía condecorar un trabajadísimo proceso (a manos de César Luis Menotti) con la ex Jules Rimet levantada por El Gran Capitán.

Un país en medio de un torbellino político y humano. Un país inmerso en las más trágicas atrocidades de su joven historia. Un país que pretendía ser ejemplo, borrando con el fútbol lo que escribía con la picana eléctrica

El silbato final ya había sido escuchado. Las corridas de Kempes ya eran parte del pasado. Las piernas aflojaban luego de tremendo trajín. Aun se presentaba imposible entender, caer, dimensionar lo conseguido. Las banderas afloraban, las lágrimas inundaban el estadio Monumental.

Ubaldo Matildo Fillol se dejó caer. Recibió a Dios, realmente se entregó a Dios. El Conejo Tarantini, para ese entonces jugador de Boca, se arrodilló ante tal momento cúlmine y envolvió a Fillol. La materialización de amor por el fútbol en una imagen de cuadro se hacía presente, se hacía inmensa.

Pero faltaba más. Faltaba más para demostrarle a todos los ateos de la pelota de que once tipos disputándose el balón frente a otros tantos pueden lograr lo inimaginado. Faltaba que viniera Don Ricardo, enfermo hincha Xeneize que invadió el campo, para rematar la obra. Un Ricardo sin brazos, literalmente sin brazos, que se acercó a las figuras y los abrazó. Los hizo, y lo consiguió sin sus extremos.

Esa imagen quedaría recordada por los siglos de los siglos. Esa imagen recibió el nombre de El Abrazo del Alma, y quedará registrada como la imagen más impactante de la historia de los Mundiales.


martes, 30 de octubre de 2012

Recordando a Cantona


Polémico e irreverente, Éric Cantona ha protagonizado momentos que quedaran para la historia del deporte rey. Capaz de lo mejor y de lo peor, Cantona es recordado por su juego, por llevar las solapas de la camiseta levantadas y por su acciones extradeportivas.

Debutó como profesional de la mano de Guy Roux, en el Auxerre, club por el que aún guarda gran simpatía, y en 1998 fue traspasado al Olympique de Marsella por una cifra record, pero no permaneció mucho en el equipo debido a su fuerte carácter, del que fue traspasado al Girondins de Burdeos y después al Montpelier, antes de regresar de nuevo al club de Marsella, del que volvió a marcharse tan sólo un año después par fichar por el Nilmes. En este equipo fue duramente sancionado por lanzarle un balón en la cara a un árbitro, y decidió dejar el fútbol.

En 1992, siguiendo los consejos que le decían que probara suerte en el fútbol ingles, fichó por el Leeds United pero el interés de Alex Ferguson le llevó a dejar el club en diciembre de ese mismo año para fichar por los Reds, donde se convirtió en el ídolo de la afición con el 7 a la espalda y donde protagonizó los mejores momentos de su carrera hasta que en 1997 se retiró de forma definitiva.

Aquí dejamos un vídeo con algunas de sus peores acciones

viernes, 12 de octubre de 2012

La Disciplina en el Fútbol

Existe un concepto al que los militares en Argentina, los periodistas y los mismos directores técnicos han quitado mucho valor en su nombre, al punto de adjudicarle cierta connotación negativa: la disciplina. Si uno exige disciplina en el fútbol, es un ultradefensivo; si uno exige disciplina en la vida, es un fascista. Por ello, resulta crucial salir a su defensa, rescatarla de esta falsa aprehensión del término y, claro, asignarle su verdadero valor.


¿Qué es la disciplina y por qué es importante? En particular, ¿qué es la disciplina en el fútbol y por qué nos interesa? Según Wikipedia, la disciplina "es la instrucción sistemática dada a discípulos para seguir un determinado código de conducta u `orden´". En palabras más informales, la disciplina es hacer lo que se debe. Y ese "lo que se debe" aglutina los conceptos de tiempo, espacio y acción en algo externo, en algo que es independiente de lo que yo como individuo opino que es en determinada circunstancia. Muchas veces, realizamos o dejamos de realizar un deber en función de las ganas que tengamos. Mis acciones fueron diferentes; ser disciplinado implicaba realizar la misma acción en ambos casos.

En el fútbol, existen dos claros ejemplos donde la disciplina se encuentra presente, y que sobresalen del resto:
  • La disciplina táctica: como bien se mencionó anteriormente, se tiende a asociar la etiqueta de "equipo disciplinado tácticamente" a ciertos conjuntos defensivos, que se aglomeran para reducir espacios de mitad de cancha para atrás. No obstante, el concepto es más hermoso y bello de lo que presuponemos. Un equipo disciplinado tácticamente es aquel en el que sus jugadores hacen lo que se debe. Más aun, los grandes equipos de la historia (como el Barcelona de Guardiola, el de Cruyff, la Holanda del ´74, el Brasil del ´70 o el Milan de Arrigo Sacchi) han sido precisamente los equipos más disciplinados de la historia. Cada jugador entendía lo que se debía hacer, y ocupaba el correspondiente espacio en el tiempo y de la forma que la situación misma pedía (y no de la voluntad de cada jugador en ese momento). No es casualidad, tampoco, que históricas figuras del deporte (como el mismísimo Michael Jordan y hasta en un gran porcentaje Diego Armando Maradona) hayan derivado tanto éxito precisamente de ejercicios sistemáticos. En el Manual del Número 8 hemos notado la "receta del recorrido" como un claro ejemplo del valor de la disciplina, y de alguna manera el pressing es la misma disciplina enarbolada en un alto nivel de expresión.
  • El trabajo de la semana: una de las cuestiones más interesantes que se me ocurren consiste en invitarte a reflexionar por qué, con 20, 25 o 30 años, no sabés pegarle de zurda. O por qué tu cabezazo ejecuta un tiro bastante azaroso. ¿Por qué no sabés pararla de muslo o de pecho de manera natural? ¿Por qué tus centros no son lo que debieran ser? Es muy probable que un primer atisbo de respuesta iría a tener que ver con la falta de tiempo. Es muy probable, también, que te hayas inmediatamente frenado y dado cuenta que, como es obvio, esos 20, 25 o 30 años seguramente serán más que suficientes para incorporar innumerables recursos a tu portafolio de habilidades. Lo que ha faltado es disciplina, y aunque tu sentido del deber reclamaba a gritos destinar tiempo adicional para generar nuevas virtudes, tus voluntades internas primaron sobre el deber. Lo mismo ocurre con el 99% de los jugadores y equipos de fútbol mundial, en una plaga que fácilmente podría erradicarse de contar con los famosos dos gramos de conciencia y dedicación.
  •  
La paradoja de toda esta historia es que la relación esfuerzo - frutos del esfuerzo es prácticamente lineal y perfecta, asumido un horizonte temporal no tan corto. Y aun así, muchas veces no se consigue superar esa barrera de la comodidad, del frío o del mal humor temporario, y la trampa del "prometo que mañana empiezo" nos espera a la vuelta de la esquina.


Es menester izar la bandera nuevamente e invitar a cada jugador y a cada equipo a autosuperarse. Por más que queramos sistemáticamente ubicarlos en diferentes veredas, lo opuesto es complementario. La disciplina es prima hermana y primer paso para generar la creatividad. Y éstas, combinadas, constituyen la piedra angular para lograr la libertad y la memoria eterna en el fútbol.

viernes, 7 de septiembre de 2012

El arco: Abajo la seriedad

A los futboleros de mi generación y otras anteriores les tocó ver a Jorge Campos en su apogeo, cuando era reconocido como uno de los mejores del mundo en su posición y, por supuesto, se hizo famoso a nivel internacional por los estrafalarios uniformes que solía vestir, con diseño propio.
Hay que reconocer que algunos de sus diseños eran realmente espantosos, pero hoy existe un arquero que ha llevado el colorido en las casacas de arco a un nuevo nivel.
Su nombre: Pablo Aurrecochea, arquero uruguayo que militá en el Guaraní de Paraguay. Una imagen vale más que mil palabras:

Para quienes no lo vieron, con ustedes Jorge Capos:


lunes, 13 de agosto de 2012

Papá, papá, ¿por qué hace 25 años que no salimos campeones del mundo?



Alejandro Sabella explica cómo jugarle al Barcelona. Lo hace con la autoridad que le da haber perdido el único partido en el que lo enfrentó, como tantos otros miles de entrenadores. Y lo hace con la convicción de que la única manera de derrotarlo era disponiendo de una línea de cinco defensores que anulara el ataque del rival. Dos años después, dirigiendo a la selección argentina, propuso algo similar para visitar a Venezuela, consiguiendo una derrota tan catastrófica como histórica.

Pero Sabella no tiene la culpa.

La culpa del deterioro de la selección argentina es de Julio Grondona y de su liviandad para elegir entrenadores a la altura del desafío. O en todo caso, de Julio Grondona y de su incapacidad para trazar una línea de juego que perdure en el tiempo y se convierta en un idioma común para todos los jugadores argentinos.

Grondona reemplazó el fútbol ultraofensivo y disciplinado de Bielsa por el juego timorato e inexperto de Pekerman. A Pekerman lo sucedió el fútbol de códigos y verso de Basile, y a Basile la tercera experiencia profesional de un Maradona fatal, sin el menor conocimiento de la táctica y la estrategia. Y como si no fuera suficiente, después vino Batista, cuya carrera no había tenido más que grises en los equipos chicos del fútbol argentino. Hasta que llegó Sabella, de vuelta, que pone cinco defensores en un país exportador de delanteros.

A este paso, es muy poco probable que la Argentina vaya más allá de los octavos de final del Mundial de Brasil o de cualquier otra competencia. Las selecciones, como las grandes corporaciones, se especializan, buscan expertos y proyectan en el tiempo. Pasó con España, después de décadas de sequía y amargura. Pasó con Uruguay, que volvió a las fuentes después de medio siglo de vivir de recuerdos. En ambos casos, se eligió un camino. Diferente, pero un camino.

Nosotros, los inventores del dulce de leche, los que tenemos las minas más lindas del mundo, seguimos dando vueltas.

A punto de desaprovechar la mejor generación de futbolistas de todos los tiempos, lo único que nos preocupa es si Messi canta el himno.

Después no nos quejemos.

lunes, 6 de agosto de 2012

52 años sin oro y el descanso de Alambre...


Tras el fracaso del Mundial Corea-Japón 2002, la presión sobre el equipo, principalmente hacia el entrenador Marcelo Bielsa, fue el eje rector de las esperanzas argentinas en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Pero la obligación del objetivo se convirtió en una ilusión sin ataduras apenas arrancado el certamen.
Desde el pitazo inicial del primer partido hasta el pitazo final del último encuentro, Argentina patentó la cancha con su nombre. Con un emblema nacional, alcanzaría la gloria olímpica y sanaría un poco la herida provocada en tierras orientales dos años antes. Toque, gambeta, la autoridad de Mascherano en el medio campo y la calidad de Carlos Tévez trazaron el exitoso camino de la Albiceleste en Grecia.
Luego de su gran actuación ante Italia en semifinales, donde comandó la ofensiva y convirtió un golazo de tijera, el Apache perforaría las redes paraguayas en la final y con su gol le daría a Argentina la medalla de oro. Mientras los héroes argentinos festejaban la obtención de su presea dorada, los futboleros seguían impactados por la forma en que consiguieron subir como ganadores al podio. Argentina ganó todos sus encuentros, anotó 17 goles y no recibió ninguno.
El triunfo fue sumamente festejado y aplaudido por otro argentino, uno ajeno al futbol. Agradecido estaba con la vida y con el balón. Feliz se puso al saber que los nombres de Tévez y Mascherano fluyeran en la prensa deportiva. “Menos mal que el futbol y el básquetbol anduvieron muy bien y fueron campeones en Atenas porque siempre me llamaban para que recuerde mi logro por ser el último oro de nuestro país y eso era un poco triste”, dijo Eduardo Guerrero al diario Perfil.
Ansiando el olvido, esa caja oscura en la que suelen acumularse las glorias despreciadas, Guerrero estaba cansado de ser el eterno invitado para reportajes y entrevistas sobre hazañas argentinas en Juegos Olímpicos. Junto a Tranquilo Capozzo conquistó la medalla de oro en la prueba de remo en Helsinki ’52.
La proeza le impidió el descanso; los medios no lo dejaban respirar. Fue hasta que vio a los equipos de futbol y básquet argentinos ganando el oro en Atenas cuando cedió la estafeta de imán mediático. La principal gratitud fue con la pelota, por ser el elemento más seguido en el país. Sin embargo su historia, construida junto a Capozzo, sigue vigente tanto en Argentina como alrededor del mundo.
Durante la competencia del ’52, Guerrero y Capozzo querían terminar la prueba lo más antes posible. A diferencia de otros competidores, su bote tenía agujeros, algunos cubiertos por parches. La madera se desgastó y comenzó a quebrarse. El temor era a ser descalificados por las “roturas” de la embarcación, querían cruzar la meta por cumplir el sueño. Los remeros de Rusia pasaron junto a ellos y los observaron con lástima.
“Nosotros no corrimos para ganar, corrimos con miedo de perder por la rotura del bote que por suerte fue arreglado por el carpintero del equipo ruso”, confesaría Guerrero. Contrario a los representantes de su país, el carpintero de la delegación rusa se percató de su angustia y les ayudó con la única herramienta que encontró a su alcance, alambre.
Reparado el bote, unido con alambre, Guerrero y Capozzo remaron con fuerza y velocidad para concluir la carrera. Cruzaron la meta, fueron ovacionados por todos y creyeron que se trataba de un reconocimiento a su esfuerzo. No fue así. ¡Habían ganado! No solamente eso. La medalla de plata fue para los rusos que los trataron con indiferencia.
Para Guerrero el mérito no fue exclusivo de su compañero y de él, sino también del hombre que se olvidó de su nacionalidad para ayudarlos: “El carpintero ruso reparó nuestro bote de manera increíble, a él también le debemos aquella medalla dorada”.
De Helsinki a Atenas, Argentina tuvo que esperar 52 años para que volviera a conseguir medalla de oro. Fueron 52 años en que Guerrero sostuvo en la hazaña del alambre el permiso a ser olvidado. Con la aparición de Tévez y compañía, el alambre por fin descansaría. Al menos ya no estaría triste para volver a hablar.

jueves, 12 de julio de 2012

Argentinos, a los Juegos

Con 66 medallas a lo largo de la historia de las olimpíadas, el deporte nacional fue más protagonista de hazañas que de una política elaborada

Boxeo, vela, atletismo y remo acumulan, en ese orden, más del 60 por ciento de las 66 medallas que el deporte argentino conquistó en los Juegos Olímpicos desde su primera participación en París, en 1924.

Con más tendencia a las epopeyas deportivas, gran parte de ellas individuales, que al resultado de una política en la materia –más allá de algunos intentos valiosos, como pudo haber sido Londres en 1948-, la participación argentina en los Juegos Olímpicos quedó librada, la mayoría de las veces, a la voluntad y el compromiso del atleta, de su entrenador, a la falta de recursos de los clubes, a la intervención escasa del estado y, en los últimos tiempos, a la posibilidad de gestionar sponsors no ya para el momento de la competencia sino para el supuesto “tiempo muerto” que transcurre entre juego y juego.

Por eso no es de extrañar que un deporte como el boxeo siga siendo (habiendo logrado una sola presea, Atlanta 1996, en los últimos 10 Juegos) el que más medallas acumula, aún observando su enorme retroceso en cuanto a calidad y cantidad de boxeadores: sólo 2 estarán en Londres, Alberto Melián (categoría pluma) y Yamil Peralta (pesado) ambos entrenados por un cubano, Sarvelio Fuentes. Un deporte en el que, además, la mujer ha pasado a ser el centro de atención mediática.

Nadie pudo ocupar esa vacante cuando el boxeo dejó de garantizar alegrías: 4 medallas de 6 en París 1924; 4 de 7 en 1928; 3 de 1 en 1932; 4 de 7 en 1936; 3 de 7 en 1948; 2 de 5 en 1952; 1 de 2 en 1956 y 1960; 1 de 2 en 1968 marcaron la hegemonía de una actividad (algunos todavía se niegan en llamarlo deporte) que tuvo desde Pedro Quartucci (luego devenido famoso actor) ganador del bronce en 1924, hasta el primer campeón del mundo argentino, Pascual Pérez, que obtuvo el oro en Londres 1948.

El hecho de que el polo dejara de ser, desde 1936, una disciplina olímpica frenó en 2 las medallas de oro que logró Argentina en ese deporte, donde los equipos nacionales estaban llamados a ejercer un claro predominio. Pero serían los deportes de agua los que contribuirían con el medallero nacional, con algunas experiencias en natación lejanas pero altamente meritorias como las de Alberto Zorrilla (oro en 400 metros, en 1928) y Jeanette Campbell (plata, 100 metros libre, en 1936) la única mujer entre los 50 deportistas que viajaron a los tristemente célebres Juegos Olímpicos de Berlín, en la Alemania hitleriana. Más acá en el tiempo (68 años) la cordobesa Georgina Bardach, en Atenas 2004 y en 400 medley, lograría el bronce.

Vela y remo fueron las otras dos disciplinas que permitieron ese predominio, ya que suman hasta aquí 12 medallas: desde aquél doble sin timonel de Horacio Podestá y Julio Curatella que logró el bronce en Berlín 1936 , pasando por el inolvidable oro en Helsinki de Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero en doble sin timonel, hasta el bronce y la plata de Alberto Demiddi en México y Alemania (en este caso, la única presea de Argentina en esos juegos), el remo nunca dejó de significar un motivo de expectativa.

Como ocurre con la vela, sobre todo en los últimos juegos. Tras lograr su primer medalla en Londres 1948 (Yachting, clase 6 metros), volvió a obtener otra vez el bronce en Roma 1960 en Yachting, clase Dragón) , para empezar con su actual impulso en Atlanta 96, donde Carlos Espínola en windsurfClase Mistral se quedó con plata, para repetir en Sidney 2000, en unos juegos donde el yachting sumó dos bronces (clase 470, Javier Conte y Juan de la Fuente, clase Europa, Serena Amato), dándole a Argentina 3 de las 4 medallas que se trajo desde Australia. En Atenas y Pekín agregaría medallas de bronce en Vela Clase Tornado (Carlos Espínola y Santiago Lange).

Históricamente fueron los deportes colectivos los que generaron una atención mayor y una expectativa distinta respecto de las posibilidades de éxito. El escaso saldo obtenido a lo largo de las 29 ediciones de los llamados Juegos Olímpicos modernos en esas disciplinas contagió la mirada sobre el resto de los deportes (poco conocidos, sin cobertura periodística habitual, con un número muy acotado de practicantes y espectadores) y remitió el interés a hechos excepcionales, como lo fueron la Maratón Olímpica que se adjudicaron Juan Carlos Zabala, en Los Angeles 1932, y Delfo Cabrera, en Londres 1948, (aunque en este último caso hubo otros 2 argentinos, Eusebio Guiñes y Armando Sensini, que llegaron en el quinto y noveno lugar). Lo llamativo de este último caso es que cuatro años después, en Helsinki alcanzaría su última medalla en esta práctica, al obtener Reinaldo Gorno la de plata, algo que ya parecía no ingresar en el rubro de lo excepcional, no obstante haber llegado Gorno detrás de Emil Zatopek, la Locomotora humana, y de quedar en quinto lugar Cabrera, a pesar haber mejorado en nueve minutos el tiempo con el que venciera en Londres.

La misma sorpresa se viviría hace 4 años, cuando los ciclistas Juan Esteban Curuchet y Wálter Pérez se quedaran con el oro en Madison, la única medalla que luce ese deporte.

La medalla de plata de Gabriela Sabatini en Seúl, 1988, y los dobles masculinos de Javier Frana y Christian Miniussi, en Barcelona 1992, y Paola Suárez y Patricia Tarabini, en Atenas 2004, en ambos casos logrando el bronce, son las tres marcas que dejó hasta aquí el tenis argentino en los juegos olímpicos.

El fútbol (2 de plata, 1928 y 1996, y 2 de oro, 2004 y 2008), el básquet (oro en Atenas, bronce en Beijing), el Hockey femenino (una de plata en el 2000 y bronce en 2004 y 2008), y el bronce logrado por el voleibol en Seúl 1988, son el aporte de esos deportes a un medallero que coloca a Argentina en el puesto 41 entre los 222 países que participan y que la sitúa en una cuarta ubicación en Iberoamérica, detrás de Cuba, España y Brasil y apenas por delante de México.

Desde aquél doble sin timonel de Capozzo-Guerrero, que en Helsinki 1952 obtuviera el oro, Argentina debió esperar hasta el 28 de agosto del 2004, es decir 52 años, hasta que el fútbol y el básquet, en un mismo día, le devolvieran la satisfacción del lugar más alto del podio.

Total Medallas Argentinas en los JJ.OO

PARIS 1924 (6 medallas: 1 oro, 3 plata y 2 bronce)

1) Polo - Oro

2) Luis Brunetto (atletismo, salto triple) - Plata

3) Héctor Méndez (boxeo, welter) - Plata

4) Alfredo Copello (boxeo, liviano) - Plata

5) Alfredo Porzio (boxeo, pesado) - Bronce

6) Pedro Quartucci (boxeo, pluma) - Bronce

- AMSTERDAM 1928 (7 medallas: 3 oro, 3 plata y 1 bronce)

7) Alberto Zorrilla (natación, 400 metros libre) - Oro

8) Víctor Avendaño (boxeo, medio pesado) - Oro

9) Arturo Rodríguez Jurado (boxeo, pesado) - Oro

10) Seleccionado de fútbol - Plata

11) Víctor Peralta (boxeo, pluma) - Plata

12) Raúl Landini (boxeo, welter) - Plata

13) Esgrima (florete por equipos) - Bronce

- LOS ANGELES 1932 (4 medallas: 3 oro y 1 plata)

14) Juan Carlos Zabala (atletismo, maratón) - Oro

15) Carmelo Robledo (boxeo, pluma) - Oro

16) Alberto Lovell (boxeo, pesado) - Oro

17) Amado Azar (boxeo, mediano) - Plata

- BERLIN 1936 (7 medallas: 2 oro, 2 plata y 3 bronce)

18) Polo - Oro

19) Oscar Casanovas (boxeo, pluma) - Oro

20) Jeannette Campbell (natación, 100 metros libre) - Plata

21) Guillermo Lovell (boxeo, pesado) - Plata

22) H.Podestá-J.Curatella (remo, dos largos sin timonel) - Bronce

23) Raúl Villarreal (boxeo, mediano) - Bronce

24) Francisco Risiglione (boxeo, medio pesado) - Bronce

- LONDRES 1948 (7 medallas: 3 oro, 3 plata y 1 bronce)

25) Delfo Cabrera (atletismo, maratón) - Oro

26) Pascual Pérez (boxeo, mosca) - Oro

27) Rafael Iglesias (boxeo, pesado) - Oro

28) Noemí Simonetto (atletismo, salto en largo) - Plata

29) Carlos Díaz Sáenz Valiente (tiro, pistola tiro rápido) - Plata

30) Vela (clase 6 metros) - Plata

31) Mauro Cía (boxeo, medio pesado) - Bronce

- HELSINKI 1952 (5 medallas: 1 oro, 2 plata y 2 bronce)

32) Tranquilo Capozzo-Eduardo Guerrero (remo, doble par) - Oro

33) Antonio Pacenza (boxeo, medio pesado) - Plata

34) Reinaldo Gorno (atletismo, maratón) - Plata

35) Eladio Herrera (boxeo, mediano liviano) - Bronce

36) Humberto Selvetti (levantamiento de pesas, pesado) - Bronce

- MELBOURNE 1956 (2 medallas: 1 plata y 1 bronce)

37) Humberto Selvetti (levantamiento de pesas, pesado) - Plata

38) Víctor Salazar (boxeo, mediano) - Bronce

- ROMA 1960 (2 medallas: 1 plata y 1 bronce)

39) Vela (clase Dragón) - Plata

40) Abel Laudonio(boxeo, liviano) - Bronce

- TOKIO 1964 (1 medalla de plata)

41) Carlos Moratorio (equitación, prueba de tres días) - Plata

- MEXICO 1968 (2 medallas de bronce)

42) Mario Guilloti (boxeo, welter) - Bronce

43) Alberto Demiddi (remo, single scull) - Bronce

- MUNICH 1972 (1 medalla de plata)

44) Alberto Demiddi (remo, single Scull) - Plata

- SEUL 1988 (2 medallas: 1 plata y 1 bronce)

45) Gabriela Sabatini (tenis, single femenino) - Plata

46) Seleccionado de vóleibol masculino - Bronce

- BARCELONA 1992 (1 medalla de bronce)

47) Javier Frana-Christian Miniussi (tenis, dobles) - Bronce

- ATLANTA 1996 (3 medallas: 2 plata y 1 bronce)

48) Carlos Espínola (vela, clase Mistral) - Plata

49) Seleccionado de fútbol (masculino) - Plata

59) Pablo Chacón (boxeo, pluma) - Bronce

- SYDNEY 2000 (4 medallas: 2 plata y 2 bronce)

51) Hockey sobre césped (equipo femenino) - Plata

52) Carlos Espínola (vela, clase Mistral) - Plata

53) Juan De la Fuente-Javier Conte (vela, clase 470) - Bronce

54) Serena Amato (vela, clase Europa) - Bronce

- ATENAS 2004 (6 medallas: 2 oro y 4 bronce)

55) Fútbol (equipo masculino) - Oro

56) Básquetbol (equipo masculino) - Oro

57) Carlos Espínola-Santiago Lange (vela, Tornado) - Bronce

58) Hóckey sobre césped (equipo femenino) - Bronce

59) Georgina Bardach (natación, 400 metros medley) - Bronce

60) Paola Suárez-Patricia Tarabini (tenis, dobles) - Bronce

- BEIJING 2008 (6 medallas: 2 oro y 4 bronce)

61) Fútbol (equipo masculino) - Oro

62) Juan Curuchet-Walter Pérez (ciclismo, prueba Madison) - Oro

63) Hockey sobre césped (equipo femenino) - Bronce

64) Paula Pareto - (judo, categoría 48 kilos) - Bronce

65) Carlos Espínola-Santiago Lange (vela, Tornado) - Bronce

66) Básquetbol (equipo masculino) - Bronce.